Cuando Matías y Mariana me invitaron a estar presente en la entrevista que les iba a hacer a Fabricio y Adriano en La Matina, les agradecí y les dije inmediatamente que sí.
No había podido ir hasta el Puerto a recibirlos y me pareció que iba a ser una buena oportunidad para darle un abrazo, felicitarlos personalmente y con el vamo’ arriba con el que los uruguayos nos apoyamos tradicionalmente.
Sin embargo, tenía sensaciones encontradas al respecto. A menos de 48 horas del impresionante esfuerzo, físico y mental, que les supuso intentar el cruce del Río de la Plata, y habiendo estado a tan poco de lograrlo, no sabía cuál iba a ser el humor y el estado de ánimo que iban a tener para contar poder contar la experiencia.
Es que a lo largo del último año fui testigo privilegiado del tremendo trabajo que hicieron preparándose para el desafío. Puedo dar fe de la constancia, del sacrificio, de la perseverancia, de la responsabilidad y del compromiso que le pusieron a la tarea. E igualmente, puedo dar fe de los cientos de kilómetros que nadaron para ello durante los últimos doce meses.
Varias veces a la semana me los encontraba en la piscina de Plaza metiendo horas y horas de entrenamiento. Estoy seguro que, de la misma manera que me pasó a mí, fueron muchísimos los compañeros del club que, por solo verlos y compartir un rato con ellos, por escucharlos hablar sobre lo que habían hecho, hacían y debían hacer, en algún momento, por mínimo que haya sido, nos sentimos parte de un sueño que era de ellos, pero que nos representaba a todos.
Afortunadamente, cuando llegaron y los puede saludar, me los encontré bien, tranquilos, serenos, con los buenos modos que los caracterizan a ambos, y eso me no solo me gustó, sino que además enseguida pude intuir que la nota que les iban a realizar iba a estar muy buena, para ellos y para todos.
Sobre el contenido, prefiero que la vean, que la escuchen y que la disfruten. Con la posibilidad que nos da ahora la multimedia, es un privilegio ver a los verdaderos protagonistas dar cuenta de su propia experiencia. Pero me gustaría sí rescatar un par de cosas que se me antoja se deberían destacar adecuadamente, porque valen la pena.
Por un lado, Fabricio hablando de “el sueño desde chico. Uno viviendo en Colonia, que ve el río todo el día, quién no se imaginó alguna vez cruzándolo”. Por otro, Adriano, después de lo que fue su tercer intento, hablando con mucha sabiduría de la garra y el disfrute que le pusieron a la preparación, al trayecto recorrido, con la satisfacción y la alegría que eso da.
Hay una popular frase, de una famosa escritora austríaca, que dice “pobre no es el hombre cuyos sueños no se han realizado, pobre es aquel que no sueña”. Es una máxima que me gusta mucho y tiene que ver con todo esto.
No obstante, creo que no me equivoco, por más trillado que sea, cerrar aquí parafraseando al Maestro Óscar Washington Tabarez, porque sin lugar a dudas, Fabricio y Adriano nos vuelven a mostrar una vez más que el camino sigue siendo la recompensa. Muchas gracias por eso.
Paul Bradley para Colonia Multimedia



