Rosa Montero está en Uruguay y Clarita llegó antes que a buena parte del mundo. La reconocida escritora y periodista española participa de la Feria del Libro de San José, donde presenta Un día en la vida de Clarita, su nueva novela corta, que en Uruguay tiene una condición especial: se trata de uno de los primeros lugares donde el público puede conocer la historia.
“Es un estreno mundial, porque realmente todavía no ha salido en ningún lado. En España sale la semana que viene, o sea que sois los primeros del planeta mundo que estáis teniendo a Clarita”, contó Montero durante una entrevista.
Pero ¿quién es Clarita?
Es una mujer de 65 años que durante décadas aprendió a hacerse invisible. Una mujer que pasó inadvertida para los demás y que también eligió, en cierta forma, no ser vista. Hasta que llega el momento de jubilarse y algo cambia.
“Nadie la veía hasta que algo los obligó a mirarla y ese fue el primer día de su vida”, es una de las frases que definen el espíritu de la novela.
Una protagonista que nació con fiebre
La historia de Clarita también tiene una particularidad: nació de una manera completamente inesperada.
Rosa Montero cuenta que habitualmente sus novelas comienzan con una imagen que aparece de repente y la impulsa a escribir.
“Todos mis libros empiezan, efectivamente, tienes un día, aparece, no sabes por qué, un día en tu cabeza una imagen que te emociona, que te pone literalmente temblando, que quieres saber más y que te llena tanto el pecho y el corazón que no te cabe”, explica.
Después comienza un proceso de construcción que puede durar años. Pero con Clarita sucedió algo diferente.
La escritora debía viajar a una residencia literaria en Francia para escribir el primer capítulo de una novela que luego no continuaría. Sin embargo, enfermó y no pudo asistir.
“Como me sentía culpable, les dije: ‘pero os traigo el primer capítulo’ y me senté ahí febril”, recuerda.
Escribió una página y media.
Y entonces decidió quedarse con aquella historia.
“De repente dije: esto no se lo mando, ésta es mía, ésta es Clarita que aparecía ahí, ésta es mía”.
Así nació la novela.
“De repente Clarita ya estaba viva y empecé a vivir la historia”.
Rosa Montero escribió sin saber cómo iba a terminar
Otra particularidad de Un día en la vida de Clarita fue el proceso de escritura.
Montero suele planificar sus novelas durante mucho tiempo antes de sentarse a escribirlas. Con Clarita, en cambio, decidió avanzar sin saber qué iba a suceder.
“Es una novela corta y la he escrito como en una especie de furor, como una especie de fiebre”, cuenta.
“Al contrario que de lo que he hecho en todas mis novelas, he empezado a hacer la historia y a escribirla sin saber a dónde íbamos”.
La protagonista se enfrenta a un gran desafío y la autora decidió acompañarla sin conocer de antemano el resultado.
“Mientras yo iba luchando con Clarita, esta Clarita guerrera, intentando superar este reto, yo no sabía si lo íbamos a conseguir”.
La experiencia fue tan intensa que Montero reconoce que también ella se sentía atrapada dentro de la historia.
“Yo iba con ella, escondida con ella y yo decía, bueno, ¿cómo vamos a salir de esto?”.
Una novela sobre la invisibilidad y la necesidad de ser visto
Uno de los grandes temas de la novela es la invisibilidad social.
Clarita es una mujer que ha pasado buena parte de su vida tratando de no llamar la atención. Según Montero, esa conducta está vinculada con una idea que la sociedad impone desde la infancia: la necesidad de encajar.
“La normalidad no existe en realidad. Lo que es normal es ser raro, en una variedad de rarezas enormes”, sostiene.
Para la escritora, la llamada normalidad funciona como un molde que pretende uniformar a las personas.
“Intentamos desde chicos ocultar nuestras rarezas y adaptarnos a la supuesta normalidad”.
Clarita no consigue hacerlo.
“Se le notaban demasiado las rarezas, por así decirlo, y entonces es una mujer que ha sido machacada por el poder, digamos, por sus compañeros en el colegio, por sus parejas, por su familia, por todos”.
Su invisibilidad, entonces, es también una forma de defensa.
“Ella ha querido ser invisible, porque la persona que, el niño que es maltratado por los compañeros, lo que intenta es que no lo vean”.
Pero llegar a los 65 años y jubilarse la obliga a hacerse una pregunta fundamental: ¿es suficiente con sobrevivir?
Durante años, Clarita creyó que la felicidad consistía en evitar el sufrimiento.
“Durante muchos años he vivido pensando que la felicidad es la falta de sufrimiento”, cuenta Montero.
Pero al llegar a esa etapa de su vida descubre que no alcanza.
Y allí comienza su transformación.
Del “patito feo” al “tiranosaurio Rex”
La metamorfosis de Clarita es uno de los elementos más atractivos de la novela.
La mujer que durante años intentó desaparecer comienza a recuperar una fuerza que desconocía.
Montero define ese proceso como un “resurgimiento patito feo que se convierte en tiranosaurio Rex”.
La imagen resume una historia en la que la protagonista deja de aceptar pasivamente el lugar que los demás le asignaron.
Y allí aparece otro de los temas centrales de la novela: el poder.
“La humillación destruye a las personas”
Rosa Montero reconoce que el poder es un asunto que le interesa especialmente y que ocupa un lugar importante en Un día en la vida de Clarita.
“El poder se ejerce y se mide, los poderosos miden la fuerza de su poder por medio de la humillación, de cómo humillan a los subalternos”, afirma.
La autora advierte sobre las consecuencias de esa práctica.
“Es una cosa terrorífica, porque la humillación destruye a las personas y de eso habla también esta novela”.
En ese contexto aparece uno de los componentes de la historia que Montero prefiere no revelar demasiado: la venganza.
“Ahí es donde hay una especie de venganza, digamos, en la novela”, adelanta.
Pero no se trata únicamente de una historia de revancha. Para la escritora, Clarita es también una historia de redención y superación.
Oscura, pero también muy divertida
Si hay algo que sorprende de la nueva novela es la convivencia entre temas duros y un fuerte sentido del humor.
Montero lo reconoce sin vueltas: “Es muy divertida, muy divertida”.
Incluso confiesa que llegó a reírse mientras escribía.
“Yo a veces estaba escribiéndola sueltando carcajadas. Yo estaba escribiendo y riéndome”.
Y se anima a definirla como posiblemente “la novela más divertida que he escrito en mi vida”.
El desafío estuvo precisamente en conseguir que el humor no desactivara la gravedad de los temas tratados.
“Es una novela que está escrita en parejas de contrarios”, explica.
“Es una novela, por ejemplo, muy realista por un lado, pero por otro lado, es tremendamente grotesca”.
Para Montero, la combinación exigía caminar por un límite muy estrecho.
“Hay muchos pares de contrarios en la novela, ¿sabes? Que tienes que ir navegando en la escritura justo por un camino estrechísimo de equilibrio y no perderte”.
“Mis novelas nacen mucho del inconsciente”
La experiencia con Clarita también permite conocer mejor la forma en que Rosa Montero entiende la literatura.
La autora explica que sus personajes y sus historias surgen de un territorio muy cercano al mundo de los sueños.
“Mis novelas nacen mucho del inconsciente”, afirma.
No se trata necesariamente de trasladar episodios autobiográficos a la ficción.
“Son como sueños, que sueñas con los ojos abiertos, que nacen del mismo lugar, del inconsciente, de donde nacen los sueños”.
Montero cuenta además que sueña mucho y que tiene “un inconsciente muy agitado”.
Por eso, cuando escribe, no piensa tanto en una película como en un sueño.
“Yo, más que pensar en película, lo que pienso es en sueños”.
Y agrega: “Es como si estuviera dentro de un sueño cuando escribo una novela”.
Esa es también la razón por la que sus historias tienen una fuerte dimensión visual.
“Todas mis novelas son muy visuales, pero porque son novelas que son como sueños”.
Clarita apareció y desplazó otros proyectos
La llegada de Clarita también alteró los planes literarios de Montero.
La escritora venía trabajando en una trilogía de género fantástico vinculada a Animales difíciles y ya tenía siete capítulos escritos.
Pero Clarita apareció y cambió el rumbo.
“Clarita llegó y me invadió”, cuenta.
La trilogía quedó momentáneamente detenida para que la autora pudiera dedicarse de lleno a la nueva protagonista.
Ahora Montero tiene dos proyectos en espera: la trilogía fantástica y otro libro que define como un “artefacto literario”, en la línea de El peligro de estar cuerda, donde combina ficción y elementos autobiográficos.
“Así que no sé qué saldrá antes”, reconoce.
¿Clarita llegará al cine?
Aunque Un día en la vida de Clarita recién comienza su recorrido editorial, la historia ya despertó interés en el mundo audiovisual.
“Mi agente ha mandado un guión a algunos cinematógrafos y están interesados”, confirmó Montero.
La posibilidad de una adaptación cinematográfica no resulta extraña si se tiene en cuenta el carácter visual que la autora atribuye a sus novelas y la particular construcción de Clarita como protagonista.
Por ahora, sin embargo, el personaje tiene su lugar en las páginas.
¿Qué le diría Rosa Montero a Clarita?
Al final de la entrevista surge una pregunta sencilla pero reveladora: si pudiera sentarse a tomar un café con su protagonista, ¿qué le diría?
La respuesta de Montero llega sin demasiadas vueltas:
“Le diría que la admiro mucho y que me parece una mujer maravillosa”.
Quizás allí esté una de las claves de Un día en la vida de Clarita. Más allá de la trama, de la intriga, del humor y de la venganza, Rosa Montero construyó una protagonista que representa a todas aquellas personas que alguna vez sintieron que no encajaban, que fueron humilladas, que aprendieron a esconderse o que pasaron demasiado tiempo intentando no ser vistas.
Clarita, sin embargo, decide dejar de ser invisible.
Y en ese recorrido encuentra una posibilidad que atraviesa toda la novela: la de volver a empezar.
“Es una historia de redención y es una historia casi de venganza también y es una historia de superación y de esperanza”.
Una historia que, además, nació de una manera tan inesperada como su protagonista.
Rosa Montero escribió una página y media estando enferma. Clarita apareció. La autora decidió seguirla sin saber dónde terminarían.
Y finalmente, después de atravesar juntas ese camino, encontró una respuesta:
“De que se puede con todo, porque al final pudimos, Clarita y yo pudimos”.
Mariana Margulis para Colonia Multimedia
