El pasado viernes 8 de marzo se conmemoró un nuevo Día Internacional de la Mujer y me gustaría, si me lo permiten, hacer algunas reflexiones sobre la definición de la palabra mujer.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra proviene del latin mulĭer -ēris, y la define como: 1. f. Persona del sexo femenino; 2. f. mujer que ha llegado a la pubertad o a la edad adulta; 3. f. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer!; 4. f. mujer que posee determinadas cualidades. Mujer DE honor, DE tesón, DE valor; 5. f. mujer casada, con relación al marido.
Cuando leí estas definiciones, lo primero que hice fue sorprenderme. Estaría bueno que la RAE se actualizara un poquito, dado que si la definición del término data del 2001 y una de esas definiciones es “mujer casada, con relación al marido” o “que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia”, la RAE atrasa un siglo.
Lo segundo que hice fue recurrir al señor Wipikedia para que me explicara qué corno significa en latín muller -eris y allí tuve mi segunda gran sorpresa: En el caso de ‘mujer’, esta palabra se asocia con el término latino ‘mulier’ y este se relaciona en algunos textos con el adjetivo ‘mollis’, que significa “blando o aguado” y cuya raíz encontramos en otras palabras como ‘mullido’ y ‘molusco’. Esta explicación se basa y perpetúa la concepción de las mujeres como el “sexo débil” frente a la fortaleza de los hombres.
Otro atraso semántico, en este caso, relacionado a que a esta altura del partido todas y todos sabemos que la mujer de débil no tiene nada y que las mujeres somos mucho más resilientes que los varones.
Pero no es la idea de esta nota aburrirlos con las distintas definiciones y conceptos de la palabra mujer, mi intención era intentar encontrar alguna palabra que nos defina a las mujeres en su complejidad. Porque cada mujer es un mundo en sí misma. Si me preguntan a mí, yo tendría que contestar dependiendo del día y del momento en que me encuentre.
Pero a falta de una definición que me defina de manera íntegra, me gustaría dar mi propia definición con un pequeño homenaje a las mujeres que formaron y forman parte de mi vida y que en definitiva son las que me definieron tal como soy en este preciso momento en el que escribo esta nota.
Las primeras mujeres que me definieron fueron mis abuelas, porque forman parte de mi historia. Me hubiera gustado remitirme más atrás en el tiempo, pero se haría muy largo este texto.
De mi abuela paterna, la abuela Beche, saqué sin duda, y modestia aparte, su buen gusto. Siempre le gustaba ir arreglada, era muy linda y elegante. Su casa siempre estaba ordenada y limpia y cocinaba los mejores tomates rellenos del mundo. También heredé algunas cosas no tan buenas, porque era muy controladora y eso le jugó en contra, dado que muchas veces evitábamos su compañía, porque en buen español, nos hinchaba las pelotas. Lamento profundamente que se haya ido tan temprano de mi vida, porque me hubiera gustado compartir más con ella y conocer más sobre sus historias de vida. Estoy segura que tendría mucho material, no solo para estas notas, sino para una novela entera. A ella siempre me la imagino como la protagonista de una novela de Gabirle García Márquez, no me pregunten por qué. Seguramente porque uno idealiza sus recuerdos con el tiempo o porque soy muy novelera, cosa que no tengo tan claro aún de dónde lo saqué.
A mi abuela materna le decíamos mamá Perla y ya con eso pueden darse una idea de la importancia que tenía en nuestras vidas. Sin embargo, su poder era oculto. No tenía carácter fuerte como la otra, era más bien tranquila y sumisa. Nunca la vi enojada, ni triste, no era elegante y mucho menos ordenada, pero era cariñosa y tierna. Y tenía el don de reunirnos a todos en su casa los domingos para almorzar. Yo era feliz en ese caos de mesas grandes, rodeada de tíos y primos, todos hablando a la vez y al mismo tiempo. Estoy segura que de ella heredé ese hábito del almuerzo familiar de los domingos en familia, al estilo de los Campanelli, que tanto extraño ahora que mis hijos ya no viven conmigo y que tanto disfruto cuando los tengo a todos de nuevo en casa. Heredé su amor por los viajes y la madre judía que llevo dentro, con todo lo bueno y todo lo malo que eso implica.
De la Reina madre, mi mamá, no tengo la menor duda que heredé su fortaleza y su resilencia. Y en los últimos tiempos me demostró que es mucho más fuerte de lo que todos imaginábamos. Cada vez que pienso en ello, me convenzo que la lucha más importante que tenemos que reivindicar las mujeres es la interna. La que no se ve, la que no lleva banderas, ni pancartas, ni se marcha en ninguna plaza. La lucha que las mujeres debemos librar dentro de nosotras mismas por vivir y salir adelante, siempre, a pesar de todas las piedras que encontremos en nuestro camino, y vaya si son muchas.
De mi hija, no heredé nada, pero lo aprendo todo. Ella me enseñó a ser la mejor mamá que pude y puedo ser y créanme que eso ya es mucho. Porque no es fácil ser madre de trillizos, pero mucho más difícil es ser trilliza y tener como hermanos dos pares de varones, ¡ni te digo! De ella aprendí que los cuerpos no importan, que el amor no tiene género, que los pelos de las axilas no nos definen, que no debo prejuzgar, que la vida no es blanca, ni negra, ni gris, sino una paleta de infinitos colores. Ella hace que mi vida, y la de todos los que la rodean, sean un verdadero arcoíris: “somewhere over the rainbow, and the dreams that you dream of dreams really do come true…”
Por último, no quiero dejar de mencionar a las amigas, las que están cerca, las que están lejos, las de hoy y las de siempre. Las que me acompañaron y me acompañan, las que ponen el hombro, las que lloran con vos, las que te bajan de un hondazo a tierra, las que se ríen de tus ocurrencias, las que leen mis notas. Qué sería de nosotras las mujeres sin otras mujeres con quienes rodearse, abrazarse y transitar. Gracias a todas las mujeres que me rodean, yo soy lo que soy y me defino por todas y con cada una de ellas.
“Me han estremecido un montón de mujeres. Mujeres de fuego, mujeres de nieve. Y me han estremecido un montón de mujeres. Mujeres de fuego, mujeres de nieve. Me estremecieron mujeres, que la historia anotó entre laureles, y otras desconocidas, gigantes, que no hay libro que las aguánte. Me han estremecido un montón de mujeres”, Silvio Rodríguez, Mujeres.
Mariana Margulis para Colonia Multimedia.



