La culpa forma parte de la vida cotidiana mucho más de lo que solemos advertir. Aparece al momento de poner límites, tomar decisiones, disfrutar, amar, equivocarnos o simplemente elegir aquello que queremos para nuestra propia vida. Sobre ese sentimiento, sus raíces y los mecanismos que muchas veces repetimos sin cuestionarlos, gira “YO, sin culpa”, la propuesta que Leo Maiello presentará este domingo 4 de octubre en el Centro Cultural Bastión del Carmen de Colonia del Sacramento, a partir de las 20 horas.
Psicólogo, comunicador y creador de contenidos, Maiello propone un encuentro que escapa a las categorías tradicionales. No es una clase, tampoco un espectáculo de stand up ni una obra de teatro convencional. Es, según explica el propio protagonista, “una charla de mucha reflexión dinámica”, construida a partir de experiencias clínicas, vivencias personales, historias cotidianas y momentos de humor.
El eje es la culpa y la manera en que puede condicionar nuestra forma de vincularnos con los demás y con nosotros mismos.
“Trato de hablar un poquito del sentimiento de culpa, de aquello que tiene que ver con lo que quedó anclado en el pasado, que se construye con los mandatos, con la religión, con la cultura, todo eso que nos va formando y después se nos hace difícil poner límites, tomar decisiones”, explica Maiello.
Una culpa que aprendemos desde temprano
Para el psicólogo, buena parte de esos sentimientos no aparecen de manera espontánea, sino que están relacionados con aprendizajes y mandatos incorporados a lo largo de la vida.
“Venimos de religiones, venimos del pecado, venimos del ‘te van a castigar’ y todo aquello que ha calado hondo en cada uno de nosotros”, señala.
Esos mensajes pueden terminar influyendo incluso en nuestra capacidad para disfrutar. “Muchas veces el sentirse bien pareciera que no lo merecemos. Alguna cosa que tenga que ver con el disfrute, no nos sentimos merecedores”, sostiene.
La culpa también puede aparecer cuando intentamos establecer límites. Decir que no, tomar distancia, elegir por nosotros mismos o priorizar nuestras necesidades puede generar la sensación de estar perjudicando al otro.
“A la hora de poner un límite al otro, sentimos que le vamos a hacer un daño, entonces nos echamos la culpa”, explica Maiello.
Desde esa perspectiva, “YO, sin culpa” busca poner en palabras situaciones reconocibles y abrir preguntas acerca de aquellos patrones que muchas veces se repiten de manera automática.
Reflexionar sin recetas ni verdades absolutas
Uno de los aspectos centrales de la propuesta es que Maiello no se presenta desde el lugar de quien tiene respuestas definitivas sobre cómo vivir.
“A mí no me gusta etiquetar”, afirma al referirse al formato del espectáculo. Y agrega: “Yo no soy una persona que se pare en un escenario a decirle a la gente cómo hay que vivir, ni soy un gurú, ni mucho menos”.
La intención, explica, es compartir parte de su experiencia profesional y personal para que cada espectador pueda encontrar elementos que le permitan pensarse.
“Simplemente soy un tipo que trata de volcar su experiencia clínica en el consultorio y de vida, a ver si al resto algo de lo que yo digo le puede servir para pensarse, básicamente”, resume.
Por eso, más que ofrecer respuestas cerradas, la propuesta busca que quienes asistan se lleven nuevas preguntas.
Humor y música para hablar de temas profundos
La reflexión no será el único componente del encuentro. La propuesta incorpora momentos de humor y anécdotas, además de un segmento musical que funciona como complemento de los temas abordados.
Maiello adelanta que hacia el final de la presentación compartirá canciones vinculadas con cuestiones como la dependencia emocional, la culpa y los amores culposos.
La música, además, establece un puente con otra dimensión que el psicólogo considera especialmente cercana al público uruguayo: la identidad rioplatense.
“Somos rioplatenses, entonces nos une la melancolía, nos une la nostalgia, nos une la música”, afirma.
¿Se puede vivir sin culpa?
La pregunta que da nombre al espectáculo también tiene una respuesta alejada de las soluciones mágicas.
Para Maiello, el objetivo no necesariamente es eliminar por completo la culpa. De hecho, distingue entre aquella culpa que puede cumplir una función saludable y otra que se convierte en una carga permanente.
“Se puede vivir con menos culpa, se puede vivir con una mochila un poquito más liviana y eso es suficiente”, sostiene.
En ese sentido, explica que existe una culpa vinculada con reconocer un error y reparar el daño causado: “Hay una culpa que es saludable, que es cuando uno se equivoca con alguien y le pide disculpas, y es una culpa que está como enfocada en reparar”.
La propuesta, entonces, no pretende borrar de un momento a otro aquello que cada persona aprendió a lo largo de su historia.
“No nos podemos despojar de todo lo que aprendimos, que quedó grabado a fuego, pero sí podemos sacarle un poco de peso y vivirnos livianos”, plantea.
Su mirada también se distancia de las promesas rápidas de transformación personal. “A mí no me gusta que estas cosas absolutas de ‘yo te curo tal cosa en dos minutos’. Esas cosas yo trato de ser prudente y creo que éticamente hay que ser prudente”, señala, reivindicando el trabajo terapéutico como un proceso.
Un vínculo especial con Uruguay
La llegada a Colonia tiene además un componente especial para Maiello: Uruguay es uno de los países donde cuenta con mayor cantidad de seguidores fuera de Argentina.
“Creo que es el segundo país después del mío que más seguidores tengo”, cuenta.
El vínculo con el público uruguayo se construyó también a través de sus anteriores visitas a Maldonado, Colonia y Montevideo, ciudades en las que, según recuerda, ha recibido una respuesta especialmente cálida.
“Me gusta ir porque (…) somos rioplatenses, entonces nos une la melancolía, nos une la nostalgia, nos une la música”, expresa.
Además de su relación con el público, sus visitas al país le han permitido generar vínculos personales y profesionales. “Tengo dos o tres amigos muy lindos que me he hecho colegas ahí en Uruguay”, cuenta.
Un encuentro cercano, pero sin perder los límites
Aunque el contenido de “YO, sin culpa” puede despertar identificaciones personales profundas, el formato no está planteado como una sesión abierta de preguntas y respuestas.
Maiello explica que en experiencias anteriores hubo más intercambio con el público, pero que decidió moderar esa dinámica porque muchas personas llegan al encuentro atravesadas por situaciones personales que requieren tiempo y cuidado.
“Hay mucha gente que viene muy cargada de cosas”, señala. Darle la palabra a cada persona podría convertir la experiencia en un encuentro de muchas horas, sostiene.
La intención es, entonces, mantener un espacio de reflexión colectiva en el que cada espectador pueda reconocerse en las historias y conceptos planteados, sin convertir el escenario en una instancia de exposición personal.
Una experiencia para salir un poco más liviano
La recepción de sus presentaciones anteriores, cuenta Maiello, ha sido “muy linda” y “muy cálida”. Entre las devoluciones que recibe destaca especialmente el agradecimiento del público por generar un espacio para detenerse y reflexionar.
También reivindica la cercanía como parte fundamental de su propuesta.
“Yo trato de ser bastante cercano, así como soy en las redes, soy en la vida y a veces eso es igual o más importante que la teoría”, afirma.
En definitiva, “YO, sin culpa” propone mirar de frente esos mecanismos que pueden llevarnos a castigarnos por amar, desear, equivocarnos, elegir o buscar nuestro propio bienestar.
No promete eliminar la culpa ni ofrece fórmulas instantáneas. La invitación es más sencilla y, al mismo tiempo, profunda: reconocer aquello que aprendimos, identificar cuánto de eso continúa condicionándonos y preguntarnos qué podemos hacer para vivir con un poco menos de peso.
La cita será este domingo 4 de octubre, a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Bastión del Carmen de Colonia del Sacramento.
Entradas: a través de RedTickets.
Espectáculo: YO, sin culpa
Artista: Leo Maiello
Fecha: domingo 4 de octubre
Hora: 20:00
Lugar: Centro Cultural Bastión del Carmen, Colonia del Sacramento.


