El 20 de marzo marca una fecha especial en el calendario global, es el Día Internacional de la Felicidad. Esta efeméride, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012, nos recuerda la importancia vital de la felicidad en el desarrollo y el bienestar de todos los seres humanos. Es un día no solo de celebración, sino también de reflexión sobre cómo podemos cultivar la felicidad, tanto a nivel personal como colectivo.
Cuenta la leyenda que el origen de esta celebración se remota a un lugar tan encantador como inspirador: el Reino de Bután, un pequeño país enclavado en las majestuosas montañas del Himalaya.
Hace más de cuatro décadas, el joven rey de Bután, con tan solo 16 años de edad, decidió que la felicidad de sus súbditos sería el pilar fundamental de su gobierno. Así nació el innovador concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB), en contraposición al convencional Producto Interno Bruto (PIB). Esta idea revolucionaria ha trascendido las fronteras de Bután, convirtiéndose en un indicador internacionalmente reconocido del bienestar de una nación.
Antes de seguir, quiero detenerme un poco en este tema. Porque cuando nacieron los trillizos, yo dije que los iba a criar hasta que tuvieran 18 años y, pasado ese tiempo, me tomaría un año sabático y me confinaría en un retiro, en el medio del Himalaya, a meditar y no hacer nada. Juro que en aquel entonces desconocía la existencia del Reino de Bután, por lo que me considero una adelantada. Igual ya pasaron dos años de los famosos 18 y no me he tomado el año sabático ni me he ido al Himalaya.
Pero volvamos a Bután. La FNB (Felicidad Nacional Bruta) abarca diversos aspectos que van más allá de los meros indicadores económicos. Evalúa el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, la cultura, la salud, la educación, la diversidad medioambiental, el nivel de vida y la calidad de gobierno. Este enfoque holístico nos insta a considerar la felicidad como un concepto multidimensional, donde la prosperidad económica es solo una faceta de una vida plena y satisfactoria.
Para traducir el concepto, y como dijo Susana Giménez, cuando le preguntaron si el dinero hace a la felicidad, “no hace el 100%, pero ayuda en un 90”.
Y si bien es cierta la famosa frase que dice que “tan presto muere el rico como el mendigo”, a mí no me vengan con cuentos sobre que la plata no hace la felicidad, no solo te hace más feliz sino que además te ayuda a vivir un poco mejor y a morir más dignamente.
Siguiendo con el resto de los aspectos que hacen a la felicidad, además del dinero, está la salud, física y mental, conceptos que considero van de la mano, porque de nada vale estar bien físicamente si estas chiflado, y como el orden de los factores no altera el producto, si estas más loco que una cabra es muy probable que tu salud física se vea afectada por tus actos de locura.
En relación a otros conceptos como el uso del tiempo, la cultura, la educación y el nivel de vida, no voy a entrar en detalles porque me parecen conceptos muy personales.
Lo que me hace feliz a mí, por ejemplo tirarme en el sillón a leer un buen libro, copa de vino en mano y un rico chocolate; seguramente a mi nutricionista, si está leyendo esta nota, no le cause mucha gracia y querrá que reemplace el libro por salir media hora a correr, el vino por un vaso de Terma ligth y el chocolate por una galletita de arroz con mermelada diet. Seamos sinceros, las dietas son incompatibles con la palabra felicidad. No hay nadie que me lo refute.
Con respecto al tema del medioambiente y al gobierno, Si nuestra felicidad depende del gobierno de turno, no importa de qué color sea, y de las políticas de medio ambiente que ejecutan, estamos jodidos. Para muestra basta un botón. Cada vez llueve con más intensidad, a tal punto que estamos reflotando la idea de crear un arca de Noé, los calores son agobiantes y los fríos extremos. La naturaleza se ha vuelto loca de tanto que la jodimos y se esta vengando. Y no hay reciclado, compost ni Greta Thunberg que pueda salvarnos.
Para alcanzar un estado de felicidad duradera, es crucial adoptar un cambio de conciencia a nivel individual y colectivo. Yo juro que intento hacerlo a diario, a veces me sale bien y otras no tanto.
Acá va una pequeña guía, con algunos pasos simples pero significativos que pueden ayudarnos en este viaje hacia una vida más plena y satisfactoria. Te los comparto con la premisa de que hagas lo que yo digo, pero no creas mucho en lo que yo hago.
Cultivar la felicidad: Hay un documental que anda por las plataformas de streaming y se llama “Happy”. Está dirigido por Roko Belic y nos muestra las diversas formas en que las personas de todo el mundo buscan y encuentran la felicidad en sus vidas. Está bueno verlo, para que te sirva de inspiración, aunque a los 10 minutos te olvides de todo lo que viste. Es como cuando vas al gimnasio, transpiras durante 50 minutos como si te fueras a morir mañana y después pasas por la panadería y te comes 10 bizcochos, como si te fueras a morir mañana.
Cuidar nuestro cuerpo y mente: Practicar deporte es una excelente manera de liberar endorfinas, neurotransmisores que nos brindan una sensación de placer y bienestar. Dediquemos tiempo a actividades físicas que disfrutemos, cuidando así nuestra salud y aumentando nuestra felicidad. Este punto me lo dictaron mi nutricionista y la profesora de Pilates.
Elevar nuestra autoestima: Aprovechemos este día para hacer algo que nos guste o introducir cambios positivos en nuestra vida, como un nuevo look que nos haga sentir seguros y felices con nosotros mismos. Otra buena opción que da muy buen resultado es mandar al carajo a alguien, es mucho más barato que cambiar el look y te aseguro que es 100% efectivo.
Compartir momentos con personas positivas: El entorno en el que nos desenvolvemos juega un papel crucial en nuestro bienestar emocional. Pasar tiempo con personas optimistas y solidarias puede contagiarnos de su energía positiva y fortalecer nuestro deseo de vivir una vida plena y feliz. No incluye suegras, madres con bebes o niños caprichosos. Dejar afuera también del listado a cualquier persona cuyo deporte favorito sea hablar mucho y complicarte la existencia.
Vivir el presente y practicar la gratitud: Aprender a apreciar y agradecer las pequeñas cosas de la vida nos ayuda a disfrutar el momento presente y a mantener una actitud positiva ante los desafíos que enfrentamos. Esto va en serio, agradecer siempre lo bueno que tenemos en la vida y el haber dejado atrás lo malo que alguna vez se nos cruzó en el camino.
Practicar el perdón: Dejar ir el resentimiento y aprender a perdonar, tanto a los demás como a nosotros mismos, es esencial para liberar nuestro corazón y encontrar la paz interior. El perdón nos permite vivir con mayor ligereza y abrirnos a experiencias más gratificantes y significativas. Esto lo escribí cuando practicaba Yoga, me duró lo mismo que el tiempo que hice Yoga, dos clases.
Viajar: para ser honestas, este ítem no estaba en el listado original, pero para mí no hay mejor terapia ni plata mejor gastada que viajar. Sola, en pareja, con amigos, con hijos, o con quien se te cante, “viajar es la única cosa que compras y que te hace más rico”.
Y por último, si ninguno de todos estos tips te sirven, abrí tu Spotyfy, busca la versión que más te guste de “Dancing Queen” del grupo Abba, ponela a todo volumen y ponete a cantar y bailar como si fueras Merly Street. Por lo menos a mí siempre me da buen resultado.
Te regalo el enlace con la versión que a mi más gusta, seguramente porque es una muestra de cómo las mujeres podemos ser felices, mandando todo al diablo, por lo menos durante el tiempo que dura la canción. https://www.youtube.com/watch?v=QRoWiTcO7dk
“You can dance, you can jive. Having the time of your life, Ooh, see that girl, watch that scene. Digging the dancing queen, Friday night and the lights are low, Getting in the swing You come to look for a king, You are the dancing queen”.
Mariana Margulis para Colonia Multimedia



