El escritor uruguayo converso con nuestro medio a raíz de la publicación de su ultimo libro, “El infinito caballero. Don Quijote de la Mancha y la aventura de leerlo”, un libro que nace de su historia personal con Cervantes, de años de lectura en prisión y de una convicción firme: el Quijote es una obra moderna, divertida y profundamente humana.
A diez años de haber publicado una serie de columnas sobre Don Quijote de la Mancha en el portal En Perspectiva, Marcelo Estefanell reúne y amplía aquel trabajo en un nuevo libro que reafirma su vínculo vital con la obra de Cervantes. El resultado es El infinito caballero. Don Quijote de la Mancha y la aventura de leerlo, editado por Penguin Random y acompañado por ilustraciones de Sebastián Santana.
Nacido en Paysandú en 1950, Estefanell fue detenido en 1972 mientras cursaba tercer año de Veterinaria en Montevideo, por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros. Durante los años de prisión encontró en la lectura un refugio —llegó a leer más de 1600 títulos— y, entre todos ellos, hubo uno que marcó su vida para siempre.
“Cuando caigo preso allá por el año 73 o 74, ya que tengo tiempo lo voy a leer”, recuerda. “Lo pedí a la Biblioteca Central de la cárcel y desde entonces es una relación estrecha que tengo con esa obra”. Ese encuentro no fue casual: “Arranca desde el prólogo cuando dice ‘desocupado lector’… y nadie más desocupado que un preso. Y tras cartón, nos confía que fue concebido en una cárcel. Era como que se cerró un círculo”.
Del “bodrio escolar” a la revelación
Estefanell reconoce que su primer acercamiento formal al Quijote, en el liceo, fue distante: “Me aburrí como un hongo cuando daban el Quijote”. Sin embargo, con el tiempo comprendió que el problema no estaba en la obra sino en la forma de leerla.
“Te lo presentan como si fuera una obra trascendente, solemne”, señala. “Pero es una humorada constante. Si cuando das el Quijote los alumnos no se ríen, lo estás dando mal. Se tienen que reír”.
Para el autor, el tono del libro está marcado desde el comienzo por la ironía y el juego. “El tema del prólogo es que no sabe cómo escribirlo. Entonces inventa un amigo que le aconseja que se haga el culto, que cite a Aristóteles. Ya el tono de la obra es un chascarrillo, una sátira”.
Ese humor, sin embargo, convive con una profundidad inédita para su tiempo. Estefanell recuerda una comparación que lo marcó: un biógrafo de Charles Chaplin que equiparaba al cineasta con Cervantes por haber dado “encarnadura humana” a sus personajes. “Don Quijote no es un superhéroe como los de las novelas de caballería; es un hidalgo pauperizado, derrotado continuamente, pero esencialmente humano”.
Una novela radicalmente moderna
En El infinito caballero, Estefanell sostiene que Cervantes funda la novela moderna. “Es la primera vez que a alguien se le ocurre que hay varios narradores contando la historia”, explica. En la obra aparecen el narrador, el recopilador, el traductor de un supuesto manuscrito árabe hallado en un mercado toledano. “Todos esos planos de narración son muy modernos, aún hoy”.
También destaca un episodio fascinante: la aparición de un “Quijote falso”, publicado bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda mientras Cervantes escribía la segunda parte. “Él tiene que reescribir su obra y se venga con lo que yo llamo una venganza literaria de alto nivel. Ese juego de espejos le da otro toque de modernidad”.
Cervantes, un adelantado
Otro de los ejes del libro es el papel de las mujeres en la novela. Para Estefanell, Cervantes fue “hijo de su tiempo, pero a la vez de avanzada”. En una España dominada por el absolutismo y la Inquisición, el autor reivindica el libre albedrío y el derecho de la mujer a elegir su destino.
“La pastora Marcela dice que se va a casar con quien ella quiera, no con quien le diga el padre o la sociedad. Ese discurso, en 1605, es increíble”.
Una fuente inagotable
¿Por qué leer hoy el Quijote? La respuesta de Estefanell es clara: “Es una fuente inagotable de conocimiento, de diversión, de chiste de alto nivel y, a su vez, de solidaridad y humanidad”.
La relación entre Don Quijote y Sancho Panza es, para él, el corazón emocional de la obra. “Son dos amigos entrañables. En un momento Sancho dice que lo quiere ‘como las telas de mi corazón’. Es fabuloso”.
Y aconseja a los nuevos lectores no dejarse intimidar: “No hay que entretenerse en palabras que uno no entiende. Hay que seguir hasta que le agarrás la onda. Y una vez que le agarrás la onda, te va a ayudar a otras lecturas. Vas a leer a García Márquez o a un autor moderno y le vas a encontrar otro sabor”.
Trayectoria y legado
Tras recuperar la libertad en 1985, Estefanell retomó sus estudios y desarrolló una extensa carrera como diseñador gráfico, editor y especialista en redes informáticas y comunicaciones. Entre 1991 y 2017 trabajó en el semanario Búsqueda como editor gráfico y administrador de redes. También colaboró con 180.com y En Perspectiva.
Es autor de Don Quijote a la cancha (2003), El retorno de Don Quijote. Caballero de los Galgos (Premio Bartolomé Hidalgo 2005) y El hombre numerado (2007), libro que fue éxito de ventas y tuvo una edición ampliada en 2010.
Con El infinito caballero, Marcelo Estefanell vuelve a tender un puente entre su historia personal y una de las obras más trascendentes de la lengua castellana. Un libro que invita a leer —o releer— el Quijote desde el humor, la modernidad y la emoción.
Mariana Margulis para Colonia Multimedia
Agradecemos a Penguin Random Uruguay.
