Hace unos días vi la película dirigida y escrita por el español Juan Antonio Bayona, basada en el libro homónimo de Pablo Vierci, que a su vez se basa en el documental homónimo de Gonzalo Arijón, sobre el accidente en los Andes en octubre de 1972 del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en el que viajaban los jugadores del equipo de rugby del Old Christians Club de Montevideo, con algunos amigos y familiares, además de la tripulación.
Me estremeció la lucha por la supervivencia de esos muchachos en medio de la violencia arrolladora de la montaña que los sumergía en la nieve. Me estremecieron sus ganas de vivir, más allá del dolor en todos los sentidos posibles.
De todo lo trágico, lograron generar con trabajo en equipo organizarse para mantenerse vivos y persistir en encontrar la forma de volver. Se contuvieron unos a otros, se sostuvieron la mano siempre que fue necesario. Diría que la solidaridad y la esperanza fueron sus refugios para salir vivos.
Quedé conmovida luego de verla. Me imagino que no fui la única.
Por otro lado, de vuelta a la cotidianidad de nuestra realidad, anoche escuché en el noticiero que en Maldonado habían aprobado el protocolo para aplicar la Ley de Vagancia. No sabía qué era, ni de qué trataba, así que me informé.
Al leer algunos artículos volví a estremecerme y enseguida me volvió a aparecer la película. Personas que no tienen trabajo, que piden para comer, que duermen en las calles porque no tienen donde dormir, ¿qué hacer cuando el mundo los abandona? ¿Castigarlos? ¿Aislarlos? ¿Ponerlos en refugios a la fuerza, como se hacía con los leprosos?
¿Qué título le pondría se tratara de una película? ¿La sociedad de qué…?
¿Qué nos pasa? ¿Nos olvidamos de ser humanos? ¿Quién sostiene y contiene a aquellos a quienes el sistema excluye y luego los responsabiliza de quedar por fuera?
Por cierto, un sistema bastante perverso, que puede ser tan arrollador y destructivo como la montaña de nieve.
Conmovida y con una inmensa tristeza a cuestas, me voy a dormir en una cama limpia, en mi casa.
Sigo soñando y pensando que no debería ser tan difícil trabajar en equipo si el sistema fuera un poco más solidario, menos codicioso y menos narcisista.
Psicóloga Zoraida Yivotovsky
