Como quien no quiere la cosa, en un abrir y cerrar de ojos, nos metieron tres meses del año y ya estamos en abril.
Pasaron las Pascuas, semana de turismo, semana criolla o como se la quiera llamar a estas mini vacaciones que se suponen, sirven para recargar las pilas y empezar de una vez por todas todo eso que veníamos postergando desde que arrancó el año e indefectiblemente los que vivimos en Uruguay dejamos en suspenso hasta la llegada del último ciclista.
Porque seamos sinceros, el primero de enero todos le dimos play al año, pero a los diez minutos, apretamos la pausa y así quedamos boyando en ese limbo que oscila entre: «el lunes arranco, ahora no porque ya llega Carnaval y mejor espero a después de las Pascuas».
¿Cuántas cosas hemos postergado los que habitamos el paisito hasta hoy 1 de abril?
Voy a hacer un mea culpa, y hacer un repaso mental de algunas de las que yo vengo postergando al día de hoy: la dieta, el gimnasio; alguna clase de yoga y/o meditación, algún curso de idioma, volver a tomar clases de canto; inscribirme en otra tecnicatura; hacer un curso de escritura; hacerme budista y retirarme a meditar en algún monasterio del Everest; ò solamente me dejo llevar por lo que pinte y termino ineludiblemente tirada en el sillón de mi casa maratoniando alguna serie en Netflix.
Así de oscilante y cambiante me he sentido estos tres meses y me sigo sintiendo hoy que supuestamente arranca oficialmente el año y yo sigo sin definir qué corno quiero hacer de mi vida.
Y lo comparto con ustedes porque estoy segura que no soy la única que se encuentra perdida entre el dilema emocional y social de atravesar un año con propósitos o simplemente vivir y que el propósito de este año sea justamente no tener ningún propósito. Es decir, tomarme un año sabático.
Como hasta el momento en que estoy escribiendo esta nota no he ganado el cinco de oro ni herede ninguna fortuna, tomarme “un año sabático” seria a mi entender , dejar pasar de largo a todas y cada una de esas exigencias que nos impone el mundo y que nos exigimos a nosotros mismos e intentar vivir sin presiones, sin exigencias, digamos un dejar fluir…
Así que, si ustedes me lo permiten, voy a hacer un repaso mental del listado de tareas que tengo en mente para poder ir definiendo cuales pueden formar mi “check list” de año sabático y cuales quedaran afuera.
Vamos por la primera: Trabajar. Bueno, dejar de trabajar no es una opción viable porque como ya dije, no gane el cinco de oro. Además, con sus cosas buenas y sus cosas malas, tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta. Un problema menos para resolver, mi año sabático debe incluir si o si, seguir trabajando.
Segundo tema: Las dietas. Yo ya las probé todas, la de la luna, la del sol, con nutricionista, sin nutricionista, la intermitente, y todo va bien, de lunes a viernes. Pero llega el fin de semana y una copa de vino y un chocolate no se le niega a nadie y uno se pregunta qué sentido tiene privarse de un buen plato de pasta si Sofia Loren era italiana y era una bomba. Además, a mis cincuenta y ocho, ya no puedo soñar con tener el cuerpo de la China Suárez, con que me entren los jeans que me compre el año pasado debo darme por satisfecha. Así que mientras escribo esta nota tomando un café y comiendo un roll de canela pienso que el problema no son los kilos que tengo de más, sino que nací en la época equivocada. Si hubiera nacido, por ejemplo, en el renacimiento podría haber sido una modelo de Rubens. Y con unos cuantos rolls de canela más, perfectamente hubiera podido ser la modelo de una escultura de Bottero. Calculo que tendré que poner entonces, en mi año sabático, una dieta que pueda cumplir solo de lunes a viernes y meter una maratón de ayudo intermitente días antes de algún evento onda casamiento, cumple de 50 o algún que otro en donde deba lucir el mismo vestido negro que use el año pasado en todos los acontecimientos sociales a los que fui invitada. Casillero de esta tarea: se autopercibe indefinida.
Tercer dilema: el Gym. Mi historia con la actividad física es bastante más compleja. Mi mente sabe que el ejercicio físico me ayuda a dormir bien, a sentirme mucho mejor, y evita que ingiera cantidades importantes diarias de ibuprofeno por mis dolores de cabeza y contracturas. Pero hay alguna desconexión entre mi cabeza y mi cuerpo que hace que cuando mi mente le da la orden a mis partes de “ Mariana movete” mi cuerpo se niega a obedecer la tarea. En otra vida debo haber sido profesora de educación física y castigado a miles de gurises con el test de Cooper y ahora desde el más allá los gurises se están vengando. No hay otra explicación posible. Además, como lo mío es más lo intelectual y no me gusta la gimnasia me aburro como una ostra. Ya probé todo, y no hay nada que me entusiasme, pilates, tai chi, aerobica, yudo, y la lista sigue. Hasta me he bajado audiolibros para escuchar en la cinta de caminar como una forma de entretenimiento, pero no hay caso, no logró vencer la inercia de tener una rutina de ejercicio adecuada y constante. Moriré sin entender a esa gente que se agita, transpira como loca, le duelen todos los músculos cada vez que respira, siente que se está por infartar con casa sentadilla y después te dice, “que bien me hace el ejercicio” No amigo, amiga, nadie en su sano juicio puede decirme que le gusta hacer ejercicio, salvo que seas masoquista. Así que la actividad física no sé si estará o no en la lista del año sabático. Más bien podríamos poner en este casillero: «no sabe no contesta.»
Cuarto dilema; Alguna actividad como meditar o hacer yoga, que me permita bajar un cambio y le dé un poco de espiritualidad a mi vida mundana y terrenal. Me baje una App en febrero que me permite ambas cosas y poder hacerlo desde casa. Todavía no encontré el momento ni el lugar adecuado para hacerlo. Casillero de esta tarea: ponele» veremos».
Y por último, y no por eso menos importante: Un curso o algo nuevo que aprender. La realidad es que me encanta estudiar, pero cualquier cosa que uno encara, a cierta edad le exige una concentración y energía que a veces con las obligaciones cotidianas, resulta difícil de sostener en el tiempo. Apenas logro concentrarme en una serie de Netflix, imagínate si tengo que estar 45 minutos en un zoom de chino. Además, este es un año electoral. Y si bien yo no tengo nada que ver con la política, en mi rol de comunicadora y productora de medios, debo estar aggiornada y eso implica: leer mucho, preparar un sinfín de entrevistas y estar sobre todo muy informada. Descártenos de la lista el aprendizaje cualquier cosa que no sea, recordar las innumerables listas de cada candidato y en la medida de lo posible, tratar de no meter la pata nombrándole a un candidato en una entrevista que lo apoya la lista tal cuando en realidad esa es la lista del contrario. Este ítem quedo descartado en mi lista del año.
Ahora que tengo claro un poco más que cosas puedo incluir en mi año sabático y que cosas no puedo, les propongo a ustedes, queridos lectores, que hagan lo mismo, que más vale hacer poco y sentirse bien con uno mismo que andar por ahí viviendo con el estigma de lo que se debe ser y hacer y vivir amargado y exigido.
¡Que tengan un lindo comienzo de año!
Mariana Margulis para Colonia Multimedia



